jae Tanaka
"El ocupante" bebe sin tapujos de Lovecraft, Poe y Charlotte Perkins Gilman. Y se pone a su altura!!! El ocupante" se mueve durante sus casi 600 páginas entre las rígidas estructuras sociales de una nobleza caduca, el más clásico cuento de fantasmas y las turbulentas aguas de las enfermedades mentales. Sarah Waters demuestra ser competente en los tres campos, haciendo igual de amenas las tres temáticas: el culebrón social a lo Brönte es deliciosamente superficial, los momentos sobrenaturales ponen los pelos de punta (a ver quien es el guapo de mirar por el ojo de una cerradura después de leer esta novela sin que se le pongan los huevos de corbata) y los retratos de los personajes tienen esa maravilloso inocencia de la psicología primeriza.
A nivel narrativo es impecable: cada frase orientada a la ambientacion se vuelve imprescindible, cada detalle velado a los terrores de la casa son estremecedores, cada secuencia de terror es espeluznante...
Los personajes se mueven dentro de los arquetipos góticos: heroína arrolladora, madre anciana y encantadora, narrador que acaba convertido en espectador pasivo del horror...
Sólo (seguiré escribiendo esta palabra con acento, RAE!!!!) le hecho en cara un final un poco acelerado y que no me termina de cuadrar con el desarrollo de la novela, y la metedura de pata de un traductor que en un momento de "gloria" pone la palabra "okupa" en boca de un médico rural de los años 40.