gema
Una tarde dominical gélida de principios de invierno.
Una estufa caliente y un gato negro dormitando sobre ella.
Mi marido dibujando en la mesa del salón.
Una alfombra tupida caliente y un buen libro, un libro que devorar en poco más de 1 hora, pero que seguro volveré a leer.
Ayer, paseando por Madrid después de habernos comido nuestra primera docena de castañas asadas entramos en una librería de las que abundan actualmente y un libro me llamó después de haber dado un paseo por entre sus estantes.
84, Charing Cross Road de Helene Hanff.
Palabras mayores en la literatura.
Un buen amigo, Espíritu (son esas cosas que todos los buenos lectores de libros deberíamos compartir), me lo recomendó en este mismo blog hace ya unas cuantas entradas.
Un libro de LITERATURA, una recopilación de correspondencia entre una escritora pobre de Nueva York y los dependientes de una librería de segunda mano de Londres.
Ni ella llegó a tener el éxito en vida que se merecía ni ellos llegaron nunca a conocerla. En las cartas entre Helene y Frank, Nora, Cecily, Mary Boulton y todos los demás, hay vida, respiración, amor, hambre, pasión por los libros y amistad. Desde la risa extrema al leer alguno de sus párrafos en voz alta para disfrutar escuchándome de la buena literatura mientras leo algunos fragmentos a Javi, hasta el llanto que ha surgido como un estertor a la muerte de uno de los escritores de las misivas.
Helene Hanff, ¡Señora! usted se merece una placa en el sitio que antiguamente ocupó el espacio de esa librería que la hizo disfrutar de esos maravillosos libros de segunda mano que llenos de polvo, y con las marcas digitales de los fantasmas de sus antiguos dueños nos llevan a sus párrafos favoritos, a sus fragmentos más leídos. Yo, como usted, como muchos lectores de primera linea, como el Espíritu de las navidades pasadas que me recomendó este libro, disfrutamos con el tacto, con las escenas y con los olores y vidas que desprenden los libros que componen la buena literatura.
Me rindo ante su pasión lectora, me ha hecho llorar, reír y emocionarme.
Gracias, gracias, gracias por haberme regalado algo tan dulce, cálido y enternecedor. Como un bombón relleno de chocolate caliente se ha deshecho entre mis manos y me ha llegado al corazón.
GRACIAS, siempre es bueno encontrar una buena lectura de amantes de libros como usted. Aunque ya no exista la librería, cuando vaya a Londres la buscaré, y dejaré ...dejaremos, tanto Javi como yo...como usted pide...un beso en el 84 de Charing Cross Road.
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