jae Tanaka
Casi 500 páginas para limitarse a hacer una presentación de personajes puede parecer no ya excesivo, sino un timo digno de cualquier novela de las Dragonlance, pero en el caso de Bakker es, además de totalmente justificado, una delicia. Con una estructura semejante a la de una ficha de rol (cada personaje se asocia a la inteligencia, la fuerza, la belleza, la destreza...), Bakker apuntala un "reparto" épico pero cargado de realismo, sin hueco a concesiones, sin respeto a sus propios personajes, mostrándoles tal cual son y comportándose como les corresponde, aunque eso implique que en determinados momentos el lector se ponga inevitablemente en su contra.
Eso si, que el primer libro sea una planteamiento de personajes no significa que la trama sea pobre, ni la caracterización de universo en el que se mueven. De hecho, a veces me ha resultado demasiado compleja, pero se me dan fatal las tramas políticas, así que es cosa mía. El mundo es solido, realista, duro, oscuro, desgradable, sucio, salvaje, lujoso... una amalgama de elementos celtas y mesopotámicos (a mi parecer), que, sin ser totalmente original (Conan es un gran ejemplo de ello), se aleja del contexto medieval en el que suele moverse la fantasía. De momento (y digo de momento porque aún no se que papel van a jugar en las siguientes novelas) no veo muy bien la utilidad narrativa de los sranc y los nohombres, razas no humanas, puesto que con los hombres sobra para contar la historia. Tal vez responda a la necesidad que parecemos tener todos los frikis de meter orcos y elfos en nuestras historias.
La magia, por su parte, es una de las bazas más atravidas de la novela, oscura y misteriosa, y escasa, es sólida y creíble, y demuestra lo verdaderamente poderosa que es. Siempre me han gustado los mundos verosímiles en los que la magia es una cosa rara de ver, y terrible, y Bakker recrea este punto con maestría: palabras de poder prohibidas y extrañas (nunca reflejadas en la novela, solo citadas), nombres reverenciados y temidos (el Sriah, el terrible y vaporoso Consulto), doctrinas que suenan más a filosofías que a magia (Gnosis, Psûhke...).
En el cuanto al estilo, es evidente que a Bakker le gusta Frank Herbert, y mucho. No solo a nivel narrativo, si no tambien a la hora de dar nombres y cargos a sus personajes: el Saik Imperial, por ejemplo, suena a institución política de Arrakis.
En definitiva, un aporte valioso a la renovación de la fantasía, sólido, oscuro, creíble y adulto.
100% recomendado.