Alfonso
Oh, aprovechemos la maravilla que es el debate como herramienta...

Criticar a Saramago como novelista y alagarle como escritor es quizá una paradoja digna del mismísimo Saramago.
He de decir que una de las cosas con las que más me hace disfrutar en la lectura de sus obras es precisamente su manera de escribir, me encanta que no sea esta una forma al uso, me gusta cuando alguien tiene algo que decir más allá de "las reglas más elementales de la novela" y conste que me refiero a la forma y no al contenido (a este lo visitaremos más adelante). El escribe de seguido, un sello que a cualquiera la puede parecer una extravagancia pero que, que le voy a hacer, a mí me encanta. Creo que esto imprime a sus obras (ni novelas ni escritos para no ofender a nadie) el ritmo y la frescura de lo que sale de dentro, de los pensamientos disparados directamente de la cabeza al papel (nunca olvidemos que antes y mejor que escritor o novelista es un gran pensador) sin los filtros de lo políticamente correcto ni la censura interna del que dirán o los tabús que como seres humanos nos ponemos al valorar lo que hemos hecho y tener la opción de corregirlo. Me gustaría conocer a algún escri-lista o nove-tor (quizá lo haya) capaz de atreverse a publicar el primer borrador de lo que escribe.
También y seguramente sea inevitable por su forma de escribir, siempre nos deleita a unos y aburre a otros con pensamientos (cuestión de gustos) pero a cambio, su manera de escribir los diálogos te mete (y creo que ha todos) dentro de la propia conversación sin los aburridos "...dijo él", "...respondió mirándole", "...añadió la mujer", que nos ubican en el orador. Creo que es de ley reconocerle la intensidad que su método proporciona a los diálogos y la maestría con la que se mueve en el.
Pero bueno, hasta aquí mi defensa de su método, de la que al más puro estilo Saramago, me permito sacar la "moraleja" de que al final lo que horroriza a una persona es precisamente la chispa que enciende la belleza para otra.

Sobre la novela en sí, me encanta ver que para bien o para mal es la obra más relevante a la que nos hemos enfrentado, esto la hace doblemente especial, porque podría ser un escrito que cumpliera "las reglas más elementales de la novela" o podría ser uno de los mejores thrillers que alguien se hubiera leído, o un best seller más de los que al final caen en nuestras manos y nos gustan porque están milimétricamente diseñados para ello, pero NO, positiva o negativamente nos llega y eso es por que hay alma puesta en el, lo amamos o lo odiamos pero no pasó sin pena ni gloria en ninguno de los casos (Saramago estaría orgulloso, seguro)

Respecto a la originalidad, es criticable siempre y cuando se use como estandarte que represente al producto, pero sinceramente no creo que sea el caso, la historia no solo no es original sino que está muy manida, no ya tanto el tema de la ceguera (me apunto la referencia dada por el espíritu de las navidades pasadas y prometo leérmela) si no por el tema de la pandemia, mil veces tratado.
Pero también hay que decir que los libros como todo en la vida (esta es otra moraleja a lo Saramago) hay que saber enfocarlos desde el punto correcto (o no, que a veces resulta más divertido). Cuando yo leí Ensayo sobre la ceguera, me pareció que Saramago usaba el "thriller pandémico" como excusa para criticar la pandemia mental en la que vive el mundo... a mi me llegó, pero claro son formas de verlo.
Un ejemplo de esto son vuestras reacciones (me encantan...) a Javier le molesta que la historia no sea como "perdidos...??" y Gema se queja de que no resuelvan las cosas, preciosa paradoja sobre los distintos enfoques a la hora de leer un mismo libro...

Lo que es una realidad es que recomendar a Saramago es delicado (he de andar con cuidado), pero me imagino que cuando alguien critica que no sea original en sus historias es porque no ha leído "Ensayo sobre la lucidez" (conste que no la recomiendo, que no quiero responsabilidades....) y respecto a que no tiene nada que contar, quizá es una expresión demasiado dura, la belleza es quizá una excusa más que razonable para crear algo, pese a que el contenido no trascienda... si no, Miyazaki nunca hubiera hecho "Mi vecino Totoro" ni hubiera nacido "Amelié"...

Confesaré que hace poco di un paseo con un Elefante desde Lisboa a Austria y no había nada en el destino, llegué y punto, pero eso no enturbió lo bonito de los paisajes, los momentos que viví ni los amigos que hice por el camino (ups, perdón otra vez estoy cayendo en la metáfora fácil....)
Conste que nunca recomendaría "El viaje del Elefante", dios me libre.....
Eduardo Martínez

Esta misma mañana, mientras me desayunaba un café con porras y me ilustraba con el periódico del día, encontré un artículo en el diario El Mundo que me ha empujado a completar esta revisión en conjunto del Ensayo sobre la ceguera del Nóbel José Saramago. Dicho artículo, escrito a raíz de la reciente pandemia de gripe porcina (o norteamericana, como quieren rebautizarla ahora), habla de las diversas formas en que cine y literatura se han aproximado a ese miedo atávico a las plagas mortales. El autor, partiendo de las Siete Plagas bíblicas, acaba llegando a Saramago y su Ensayo sobre la ceguera, emparentándole con Camus y su obra La peste, y de paso ensalzando la figura del escritor portugués.


Bla, bla, bla y más bla.


Vamos a dejar las cosas claras. José Saramago es, probablemente, uno de los mejores escritores vivos de los que podemos disfrutar. El que niegue eso es o bien un ignorante, o bien un imbécil. O las dos cosas juntas. Ahora bien, lo que no es Saramago, ni de lejos, es un novelista. Para empezar carece de lo primero que tiene que tener cualquiera que pretenda ser un novelista, y esto es tener algo que contar. Saramago para desgracia de todo aquel que se ha atrevido a leer alguna supuesta novela suya, entre los que me incluyo, no tiene absolutamente nada que contar. Y, lo que es peor, encima se empeña en demostrarlo con palabras. No es que sacrifique el fondo por la forma, sino que no tiene ningún tipo de fondo. Y la supuesta novela titulada Ensayo sobre la ceguera es una muestra más de lo que estoy diciendo. Saramago o bien ignora las reglas más elementales de la novela, o bien se nos muestra incapaz de aplicarlas. El portugués no es que sea un mal novelista, es que no es un novelista. Y punto.


Además para completar este atentado literario, gran monumento a la pedantería más insoportable, debo contradecir a mis compañeros de billetes. La idea de Ensayo sobre la ceguera dista mucho de ser original. Hasta en esto la caga, con perdón, el Nóbel Saramago. En 1951 se publicaba en el Reino Unido la novela de ciencia-ficción El día de los trífidos, de John Wyndham. Un auténtico éxito desde el día de su publicación, y considerada ya un clásico en su género, El día de los trífidos nos muestra una humanidad que se ha quedado completamente ciega. Los pocos humanos que se han “salvado” de esa ceguera se convierten en los protagonistas de una historia que, si bien marcada por los miedos de la naciente Guerra Fría y totalmente inscrita en el género de la ciencia-ficción, resulta coherente en todo momento y francamente entretenida. Todo lo contrario del Ensayo sobre la ceguera. Saramago, con toda la pedantería de la que puede hacer gala, que es mucha más de la que se puede soportar, copia descaradamente la idea de Wyndham para enseñarnos, amable él, como jamás se debe de escribir una novela.


Lo dicho, el que tenga ganas de perder el tiempo aburriéndose como un hongo que no lo dude ni un instante, Ensayo sobre la ceguera es su libro. Ahora bien, si piensa usted que la idea que vertebra el libro tiene potencial, busque en su librería más cercana un ejemplar de El día de los trífidos, no se arrepentirá.


jae Tanaka
Un adjetivo para describir el estilo de Saramago? Irritante. Pero claro, yo soy lector de cómic, que a estas alturas siguen sin estar considerados literatura, así que mi opinión no vale de mucho. Pero la diré, no obstante:

A qué entorpercer uno de los mejores thriller que me he encontrado con una inopinada sarta de reflexiones pseudofilosóficas y diálogos referenciales con el lector, que sólo consiguen sacarme de una de las mas grandes tramas de terror y suspense jamás contadas? Saramago empieza su obra con una intensidad digna de "Perdidos", "24" o "Watchmen", pero poco a poco va diluyendo su fuerza narrativa con intentos de erudito a la violeta de hacer parábolas (me da permiso para decir exégesis, señor Saramago? creo que pega más con la insufrible pedantería que aqueja la novela), de "te enseño pero no" la enseñanza moral detrás de todo, de zigzegueos cansinos por caminos que no llevan a NADA. Porque desde mi obtusa cultura de lector de cómic, esta novela no lleva a ningún sitio.

En definitiva, y para no cansar: un arranque magistral, una ejecución pedante hasta la arcada y un final... ah, pero eso es un final?
gema
¿Cómo criticar un libro de un premio nobel?, ¿Cómo criticar un libro del que practicamente todo el mundo ha dicho maravillas?, ¿Cómo contar que no te gusta un libro que ha obtenido las mejores críticas?
Pues así...
Señores, el primer libro que me leo de Saramago, ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, un libro que le hizo obtener el premio nobel de literatura (cada vez más politizado diría yo), y probablemente, sea el último libro que me lea de él.

Dentro de un planteamiento increible, un imitador de Borges cuenta una historia en que la humanidad se queda ciega...¿ciega, por qué?, no me lo explica, no me explica por qué el primer ciego se queda ciego, en un primer párrafo inmejorable, lleno de colores y de visualidades...y yo, yo quiero saberlo, necesito que me diga por qué motivo todo el mundo, excepto una, se queda ciego, ¿por qué la humanidad se vuelve loca?, ¿por qué la humanidad reacciona de esta manera tan irracional?, ¿por qué hay una elegida entre tanto desastre?, ¿qué tiene que ver la religión con todo esto?, ¿que problema tiene con las mujeres el autor para destrozarnos de esta manera?...

Quizá sea un libro que no está escrito en la prosa más adecuada, quizá para un trabajo filosófico..quizá, pero no para momentos de acción y de odio. No, Sr. Saramago, por su culpa no he disfrutado de su historia, por su retórica forma de escribir me he perdido en párrafos farragosos que no me cuentan nada dentro de secuencias con unas ideas magníficas.

Me ha parecido un libro irregular:

IDEA: INCREIBLE
ESTILO: MEJORABLE
CLARIDAD: NINGUNA

Sr. Saramago, si usted hubiese escrito todo el libro con la misma intensidad y la misma prosa que en el primer capítulo aquí tendría a su más incondicional lectora.
Eduardo Martínez

Pasada ya la Semana Santa y sus maravillosas tradiciones, (a saber, las procesiones, las torrijas y el cine de romanos a todas horas en televisión) y teniendo en cuenta que nos queda un largo año para volver a disfrutar de las mismas, desde Billetes de Ida y Vuelta vamos a intentar poner un remedio literario al posible mono ocasionado por tan dura espera. No, no voy a hablar de libros de cocina o sobre algún sesudo estudio acerca de la procesiones de Semana Santa (que los hay y muy buenos), el billete de hoy es para ver una de romanos. O, mejor expresado, leer una de romanos.


A la más que prestigiosa tradición británica de novelas históricas seriadas, (de las que los máximos exponentes serían las 21 novelas de la serie Aubrey-Maturin, de Patrick O´Brian; las 19 de la serie de Marco Didio Falco, de Lindsay Davis; las 24 de la serie de Sharpe, de Bernard Cornwell; y por supuesto las maravillosas e inimitables 12 novelas de la serie de Sir Harry Paget Flashman) se ha añadido en los últimos años una nueva serie que todo buen amante de la novela clásica de aventuras no debe dejar pasar. Se trata de la serie de Quinto Licinio Cato (Eagle Series en el original).


A lo largo de las hasta ahora ocho entretenidísimas novelas escritas por Simon Scarrow, acompañaremos a dos soldados de la Segunda Legión, la más dura de todo el Imperio, el joven Cato y al veterano legionario Macro, en sus aventuras y desventuras a lo largo y ancho de las fronteras del Imperio Romano, desde las frías fronteras de Germania o Britania hasta las ardientes arenas de las provincias orientales. Apoyadas en un trasfondo magníficamente bien documentado, y escritas con una prosa ágil y agradable (pocos escritores contemporáneos brillan tanto en las descripciones de los hechos de armas, ya sean pequeñas escaramuzas o bien grandes batallas o asedios), las novelas de Cato son una fantástica ventana a la que asomarse a la dura y peligrosa vida de los legionarios romanos.


Si eres de los que disfrutan con el género histórico o simplemente con la más clásica novela de aventuras no lo dudes, hazte con la primera de las novelas de la serie, El Águila del Imperio (Under the Eagle) y alístate en la Segunda Legión. Eso sí, un aviso para navegantes, tengan ustedes mucho cuidado que estas novelas son enormemente adictivas. El que avisa…

gema
Cuando tenía siete años, mi madre me regaló el primero de todos los billetes dorados que me ha regalado la vida, tenía forma de libro: Charlie y la fabrica de chocolate. Hace 1 mes, en Dublin, compré mi primera edición de este libro en inglés, acompañado de su secuela Charlie and the great glass elevator.

Qué puedo decir de este libro sin que tenga algo que ver con cómo soy como persona, que me encantó en español cuando de pequeña, en lugar de comer, devoraba las hojas en que Willy Wonka llevaba a Charlie con otros cuatro niños, mucho menos agradables que el protagonista, por la fábrica. En este libro descubrí lo que es la educación, el respeto, la falta de medios y el poder de la supervivencia, enmarcado en una fabrica de chocolate, lo que hace de ello el paraíso de cualquier niño, y con el acompañamiento de adultos que son iguales que los niños a los que acompañan.

Qué decir también de los Oompa-Loompa, ahora he escuchado la sonoridad de sus canciones.

En cuanto a Charlie and the great glass elevator, sólo puedo decir que es una secuela levemente digna del libro que la precede, divertida e hilarante, sin pies ni cabeza, en que Roald Dahl saca a los mismos protagonistas del primer libro para hacerlos vivir aventuras espaciales y especiales, incluso atemporales.

Pero eso si, me sigo quedando con mi edición antigua, resobada y maltratada de aquel libro que me regaló mi madre, y que seguirá conmigo...