Eduardo Martínez

España, para nuestra fortuna como lectores, sigue siendo una potencia mundial en lo que respecta a la literatura. Gozamos del enorme privilegio de contar con una enorme nómina de autores de primera fila en todos los géneros capaces de mirar de tu a tu, tanto en calidad literaria como en ventas, a cualquier otro escritor de allende nuestras fronteras. Si bien el panorama literario patrio está trufado de grandes figuras inamovibles, no es menos cierto que año tras año surgen nuevos talentos capaces de renovar constantemente la nómina de escritores por descubrir. En los últimos diez años la lista de escritores que uno no debe perderse se ha engrosado con los nombres de gente como Javier Cercas, Albert Sánchez-Piñol, León Arsenal, Félix J. Palma, Eduardo Vaquerizo, Óscar Esquivias… Todos ellos escritores de sobrado talento y demostrada creatividad.

De esa nómina en constante aumento hay un escritor auténticamente genial. Un hombre capaz de escribir lo que se le ponga en la bisectriz. Su nombre real es David Homedes Cameo, aunque los lectores le conocemos como Pablo Tusset. Tres son las novelas que Pablo Tusset nos ha regalado hasta la fecha. La primera y que le llevó a la fama, Lo mejor que le puede pasar a un cruasán (Lengua de Trapo, 2001), combinaba de forma asombrosa lo mejor de la novela policíaca con un sentido del humor en perfecto equilibrio entre el humor grueso y la más fina e inteligente ironía. Su siguiente novela, En el nombre del cerdo (Destino, 2006), abandonaría por completo ese humor tan irónico para levantar una novela negra, dura y descarnada, que se adentra de lleno en la mente de un psicópata. Ahora, tres años después, Pablo Tusset vuelve demostrar que escribe lo que se le pone en las narices con Sakamura, Corrales y los muertos rientes (Destino, 2009).

Sakamura, Corrales y los muertos rientes es una vez más novela policíaca, si. La historia, que se desarrolla en una España tan "inexistente" como real, se inicia con la aparición de los cadáveres de tres turistas extranjeros en plena Costa Brava, “coloraos” como cangrejos y sonrientes como idiotas, y se desarrolla en la surrealista investigación del surrealista caso por parte de una aun más surrealista pareja: Sakamura, inspector de la Interpol y maestro zen, y Rafael Corrales, Cabo de la Guardia Civil de Aduanas cien por cien cañí, nacido en Carabanchel, “Madriz”, y destinado desde hace la tira de años a Calabella, en plena Costa Brava. Pero no es solo eso. Esta novela, francamente hilarante hasta el punto de arrancar más de una carcajada, es una fina sátira de esta España nación de naciones. Pablo Tusset se cachondea como solo puede hacer un genio de derechas e izquierdas, de nacionalistas periféricos y centrales, de monárquicos y republicanos.

En definitiva, este maravilloso y descacharrante chiste de casi trescientas páginas que se leen del tirón es algo más que una novela, es un fantástico recordatorio de lo sano que es reírse de uno mismo. Una novela que usted, visitante de estos billetes de ida y vuelta y por lo tanto amante de la lectura, no se debe perder.
2 Responses
  1. Luchete Says:

    Me lo apunto, pues la verdad es que esos libros cuándo tengo "timpo libre" me gusuta leer... "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" me encantó jejeje, auqneu ya hace años que lo leí, peor tengo buen recuerdo, y de la peli tb...

    Un abrazo compañera!


  2. Luchete Says:

    Felicidades por el día de la mujer compañera, q tengas una buena semani! Un abrazo!